Como el título lo dice, el protagonista pasa por una terrible hambre. No sólo hambre que ocasiona el estómago al no comer, sino hambre de éxito (como motivo para ganar dinero y poder comer; pero también tiene otras razones), hambre de besar, acariciar y estar con la chica de sus sueños, hambre de ser alguien en la vida.

Pareciera casi experimental, aunque la narrativa es muy clara. No hay pierde en la trama, casi todo es lineal en cuanto a la historia contada. Pero lo experimental viene en otras cuestiones, como la música, el montaje y la fotografía. Una persona puede tener hambre y es una sensación horrible para el ser humano. De tal modo que, lo técnico en el cine se tiene que poner en los zapatos del personaje y experimentar con él aquellas cuestiones. Es por eso que la película tiene un toque bastante diferente (e innovador para su época) respecto a otras cintas.

Una música compuesta por Krzysztof Komeda queda perfecta con los sentimientos y los estados de ánimo de nuestro protagonista. Pareciera que son tecladazos, partituras hechas en segundos y echadas en cada secuencia. No hay una estructura básica en lo que escuchamos, así como no hay una estructura básica en la vida del personaje principal.

Cuando el hombre sueña, tiene recuerdos o imagina algo, Carlsen evidencia esos momentos con una técnica de montaje y fotografía. Digamos que el personaje está dormido, el mundo normal se diferencia del sueño porque inmediatamente hay muchos y rápidos cortes. La edición pone momentos uno tras otros y de repente ya estamos en el mundo de la imaginación. Además, lo identificamos rápidamente porque la imagen está sobreexpuesta (que está quemada, que le entró mucha luz, se ve blanco todo). Lo curioso es que, aunque la secuencia tiene una sobreexposición de a propósito, se ve perfectamente lo que está pasando y lo que nos están tratando de decir; aunque todo se vea blanco, hay mucha información dentro de la imagen.

El sonido hace un gran trabajo en la cinta. Aquellos sonidos que son casi imperceptibles por el oído humano, los resalta y los pone en alto. Por ejemplo, los pasos, las hojas tiradas en el suelo y los minúsculos ruidos son casi tan altos como la voz de las personas. El momento clave del sonido está en varias ocasiones. Muy al principio, para hacer notar la extrema hambre en la que se encuentra el señor (porque apenas lo estamos conociendo) está en un local de comida con un amigo suyo que pide de comer. Pero el protagonista no tiene con qué pagar comida, así que él no pide nada. El otro personaje está comiendo con cubiertos, y el sonido del choque de éstos con el plato, con los dientes o entre ellos mismos está resaltado. Esto nos da a entender por todo lo que está pasando nuestro personaje.

Es una gran actuación la que Per Oscarsson tiene en esta película. En verdad notamos su hambre, su desesperación y la locura a la que lo lleva toda su situación. Cuando lo vemos comer (después de días enteros sin probar un bocado) lo hace con tal ansia que sentimos su situación. Come papel, como polvo de los muebles, lo que sea con tal de tener algo en el estómago. Después de este filme, uno incluso siente agradecimiento no sólo por comer en el día, sino tener dos o tres o hasta más comidas en tan solo 24 horas. Que una película llegue al grado de hacerte sentir hambre o agradecer por algo que no tienen los personajes es algo difícil de lograr. Aquí hay logro, porque aparte de ser una buena realización cinematográfica con una verdadera propuesta visual y auditiva (fotografía: blanco y negro y sobreexposición; edición y montaje: cortes y cambio de mundos; música: apego al protagonista; entre otras cosas; sonido: resaltar lo importante), logra adentrarnos tanto a la situación como al universo de la película.

Anuncios