Es innovadora. Plantea todo un complejo y nuevo lenguaje cinematográfico, desde los colores y lo visual, hasta el sonido y la edición. Lo tiene todo esta película, y aquello que se ve o se oye proveniente de la pantalla va relacionado con el argumento de la cinta.

Dos mujeres se cuestionan sobre el hecho de que todos en el mundo han sido corrompidos por la sociedad misma; entonces, ¿por qué ellas no pueden actuar con malicia? Y así lo empiezan a hacer: Chytilová relata a estas dos jovencitas haciendo locura tras locura, mal tras mal.

Ese el argumento, y los recursos sustentan la cinta cinematográfica. A lo largo vemos escenas que están en blanco y negro, otras que están a color, y otras que únicamente tiene tintes de algún color en específico (y hay algunas tomas que se mueven mucho y dejan estelas de RGB (rojo, verde y azul)). Es una locura la decisión y el montaje de los colores.

Hablando estrictamente de la edición, ésta va rápida, con cortes intensos, a veces una duración larga y a veces una duración corta. Plantea el espacio de una manera muy curiosa (con esto mismo del montaje). Están ellas dos en un cuarto de una casa en un campo, una ve por la ventana y al mostrar lo que está viendo, es la calle de una ciudad muy transitada. Es decir, nos plantea un panorama desde surrealista hasta con nuevas posibilidades de entornos.

El sonido es lo que más llama la atención. Al principio, las niñas están hablando y plantean su cuestionamiento. Simultáneamente, mueven sus brazos, sus piernas, su cabeza, y en general, las partes de su cuerpo. Se escucha el rechinido de las bisagras de una puerta; es decir, está oxidado, viejo o descuidado: le falta aceite. La situación que las chicas dicen se basa en que la sociedad está corrompida y es obsoleta: oxidada, vieja y descuidada. De esta manera, el sonido del rechinamiento hace una metáfora a la premisa de la película. Después vienen más sonidos, como cuando rompen los platos, cuando comen como marranos, y demás; y éstos refuerzan la idea de la maldad que están haciendo.

Al final, como las chicas hicieron el mal, se les cae un candelabro encima. No hay mejor manera de acabar esta película; ya que, la conclusión es que nadie debería hacer el mal, ni hombres ni mujeres, ni niños ni adultos.

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