Algunos pierden la fe, otros la mantienen. Hay quienes fácilmente pueden dejar de creer en todo, incluso en su propia vida. Y hay quienes, a pesar de lo decadente que esté la situación, no dejan de ser optimistas. Eso es lo que vemos reflejado en esta película. Bergman se cuestiona en esta cinta acerca de la existencia de Dios y del propósito de la vida; y a la par de estas dos, de la fe.

El personaje principal, un pastor que da misa, es quien tiene fe pase lo que pase. Otro personaje, el hombre de una pareja, escucha sobre la miseria y la maldad que hay en el mundo, y en un instante pierde toda creencia. Cuando estos dos personajes tienen una plática, el hombre le pregunta que por qué hay tanto mal en un mundo, y al mismo tiempo es cuando duda sobre la existencia de un Dios. Si Él existiera, no habría tanto daño en el mundo. Al mismo tiempo, el señor le dice que, si no hay un Dios, el sentido de la vida es absurdo, y con ese pretexto, se quiere suicidar. El pastor le dice que no lo haga, le cuenta sus experiencias y lo anima a vivir. A pesar de toda su ayuda, termina quitándose la vida. Los temas son fuertes, cuestionar algo que lleva siglos siendo cuestionado, preguntarse acerca de la propia vida y resumiéndola en que todos vamos a morir. Esto es la falta y la perdida de fe.

Bergman utiliza un contraste con el otro personaje. Y también coincide en ser el principio y el final de la película, los cuales son extraordinarios. Empieza con el pastor dando misa en una iglesia donde acuden muy pocas personas, pero hay unas cuantas. Él decide dar misa como siempre, aunque está decaído por el número de asistentes. Al final, en otra misa, hay todavía menos personas: él, el que toca el órgano y una más sentada. No importa. Él da la misa porque todavía hay quien la reciba. Esto es exceso (en el mejor sentido de la palabra) y ganancia de fe.

Para el espectador, el principio es abrumador, ya que ve muy pocos en la iglesia, pero el director cierra con algo todavía peor, algo que uno no se hubiera esperado después de ver como empieza la película.

El sonido y la fotografía vuelven a hacer un muy buen trabajo como en todas las películas de Bergman. La imagen busca y recalca los puntos de fuga, encuentra planos interesantes y que den profundidad al cuadro, la iluminación es muy limpia y los encuadres muy estables y quietos, que ayuda a la temática religiosa de fe y creencia.

Por otro lado, el sonido es sumamente enriquecedor. Nos explica en dónde estamos situados, a qué hora del día y qué está pasando. Al inicio de la película hay campanas y desde ahí podemos asumir la idea de una iglesia y el tema de todo el filme. El ruido del viento es constante en la mayoría de la cinta, que explica la falta de fe de algunos personajes, de la debilidad de la religión y de la creencia, de que algo incierto va a ocurrir, como el suicidio de uno de los personajes. También hay un reloj constante en los interiores, que fundamenta el paso del tiempo en un lugar como ese. Y muchos ejemplos más de sonido que soportan tanto la premisa como la postura del director.

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