Una película donde uno de los personajes principales es un burro. Bresson nos muestra la vida de este animal llamado Baltasar. Y básicamente, hace una analogía con la vida (humana). Cualquiera de nosotros en este mundo podría ser el burro, o más bien, todos somos ese burro. La vida pues ser difícil, y para algunos puede ser más sencilla; sin embargo, los obstáculos siempre existen.

En el transcurso de la vida de Baltasar, vemos que la gente lo maltrata, que es usado para fines humanos, que casi nadie lo cuida y que no lo quieren. Es usado para carga, transporte, sacar agua del pozo y un montón de actividades del hombre. Le prenden fuego en la cola, le dan de latigazos, lo golpean y lo patean. Todas estas acciones las vemos a lo largo de la cinta; no obstante, Bresson simplifica y concretiza el sentir del burro en un sólo cuadro. La cámara capta un primer plano (extreme close up) de la cara del animal y podemos distinguir su tristeza y su dolor. Incluso vemos el ojo llorón y un pequeño destello de luz sobre la pupila que hace que resalte más la emoción.

Por si fuera poco, Robert Bresson en algún momento de la película (cuando el burro se encuentra en las manos de una compañía cirquera) decide mostrar la cara de todos los animales enjaulados. Ellos también están tristes, desanimados, desganados y agotados. Es difícil ver la expresión de un animal, pero en estos planos distinguimos inmediatamente que ellos no están del todo bien. Y por supuesto, es una analogía de la condición humana; nosotros, en cierto punto, estamos iguales.

Este filme habla de lo que pasa en una vida. De principio a fin: de nacimiento a muerte. Así como Baltazar pasa por azotes en la vida, cualquier hombre pasa por lo mismo. Es la ley del más fuerte: el que aguanta, sobrevive.

El sonido es otro aspecto del cual Bresson se sujeta muy bien. Hay veces que la situación se tiene que explicar con imágenes, o con sonido, o con imágenes y sonido, o con diálogos en el peor de los casos. En varias ocasiones de la película, el director francés únicamente pone sonido sin que nosotros pudiéramos ver la imagen. Y, aun así, sabemos lo que está pasando. Por ejemplo, cuando los chicos ponen aceite en medio del camino, luego vemos que un coche va pasando, la imagen se queda en los muchachos viendo el automóvil (el cual sale de cuadro) y tras unos segundos, se escucha el sonido del coche derrapándose y chocando. Entendemos perfectamente que ha pisado el aceite y que se ha ocasionado un accidente.

Al final, cuando Baltasar está en una colina de noche, se escuchan disparos. Los chicos que lo tenían ahí huyen y él se queda. A la mañana siguiente vemos que el burro tiene una herida. Podíamos deducir algo, pero Bresson refuerza lo que probablemente ya sabíamos. Baltasar cae en el pasto y muere. Lo que, seguramente, nos pasará a todos. Caeremos y moriremos. Siendo maltratados por alguien más o nosotros maltratando a los demás; es cuestión de elegir.

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