Desde hace mucho, el fin del mundo ha sido anunciado. Por todo tipo de gente, religiosa y científica, hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Sin embargo, el fin no ha llegado de manera exacta como tal, pero sí a un nivel espiritual, emocional, amoroso, humanista e incluso, ambientalista.

El director francés toma como protagonista a un muchacho rebelde metido en estas cuestiones. Son de esas personas que lo cuestionan todo, que quieren hacer varias cosas, que son diferentes a la sociedad. Charles está convencido que la vida no tiene sentido; Bresson mete el tema del existencialismo en su película. Para esto, las señales que utiliza son las de anarquismo, la de religión (iglesia), cuestiones ecológicas, drogas y armas.

Los elementos físicos/mentales que Robert Bresson ocupa en su película son muy acertados. Un botecito con un líquido venenoso, una libreta con pensamientos profundos escritos, un arma con balas, entre otras cosas. Mostrar eso en imágenes es muy fuerte y cuando se empieza a hilar los signos es impactante.

Los recursos sonoros son elementales en la cinta, pues recalca los hechos y los acontecimientos a los que Bresson quiere dar énfasis. Por ejemplo, cuando los árboles están siendo derrotados por el hombre hay un rechinido de puerta de madera oxidada (van a terminar como un producto para el beneficio humano) y cuando se azotan, éstos hacen un ruido tremendo. O cuando están viendo una grabación de una foca siendo asesinada, los palazos que le dan son intensificados (asuntos de la naturaleza y el hombre destruyéndola). Cuando la gente va en el camión, están teniendo una plática reflexiva entre todos (en esta parte es cuando sale el título de la película: ¿quién es aquel detrás de todo el show de la vida y de la existencia? El diablo, probablemente), después el camión choca y sólo escuchamos el accidente, de esta forma no nos desviamos del objetivo de la escena.

La música en la iglesia hace que el personaje tenga una mente torcida; es como si nos adentráramos en sus pensamientos. Lo curioso es que parece ser una música extradiegética, pero al rato vemos que el muchacho tiene una tornamesa y de ahí es de donde proviene la música. En fin, los recursos sonoros son excelentes. Podríamos decir que el sonido en este filme habla mucho.

El protagonista decide suicidarse al final, pero le pide a un amigo que lo haga por él. Es un desenlace contundente y una conclusión bastante precisa. Parece que la vida no tiene sentido, y puede que sea cierto. Pero si gastamos nuestra vida en buscarle sentido, se nos irá de las manos.

Anuncios