Esta película en blanco y negro, perteneciente al cine negro (film noir) es una gran ejecución en su totalidad.

Primero que nada, una de las características principales de este género son las luces y las sombras (grandes, duras y bien marcadas). Esto es para dar un sentido de misterio, de intriga, de búsqueda policiaca y demás. Así pasa en la trama de esta cinta. La historia va de una chica, cuyo padre se casó con una mujer adinerada. La madrastra parece estar loca y la protagonista nos hace pensar que la quiere matar. Nosotros en todo el filme no estamos seguros de quién odia a quién, y quién quiere matar a quién. De esta forma, la intriga de la misma historia está envuelta en la fotografía con un contraste alto y con sombras duras entre las imágenes.

Las actuaciones son espectaculares dado el nivel que tienen los personajes al confundirnos y hacernos creer que tienen polos extremos. Por ejemplo, Jean Simmons, en su primera aparición, parece ser la víctima del asunto, ya que la encontramos llorando. (Podemos pensar que llora por el accidente que acaba de sufrir su madrastra o porque su plan de asesinarla no funcionó; esos pensamientos se irán desarrollando al paso de la cinta.) Pero después, la vemos como una chica dulce que quiere coquetear con el conductor de la ambulancia. Y después la vemos como la enemiga, ya que destruye la relación entre el chofer y su pareja. Es decir, cada personaje se encuentra por diferentes facetas que hacen lógica en la historia (no son remotas y espontaneas.) Está claro el arco dramático de cada actor.

La fotografía y el montaje resultan ser una herramienta conjunta. Ya que cada plano encuadrado perfectamente tiene una relación con el cuadro siguiente o con el anterior. La escena de cuando la madrastra y el papá se suben al coche, ella pone primera, pisa el acelerador y se van colina atrás es un increíble ejemplo de cómo montar ciertos fragmentos de la película.

Por último, mejor no pudo Preminger acabar su largometraje. La puesta en escena de la última secuencia es simplemente fascinante: no nos esperamos que la chica decida asesinar a su exmarido de la misma manera que ocurrió con el accidente de sus responsables. El director les pone una botella para brindar, un coche en el cual acomodarse y en el último plano vemos la colina que los llevará a su fin. El resto ya lo sabemos.

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