Las comedias italianas son finas. Saben hacer y contar los chistes de la mejor manera. Sin que las cosas sean grotescas o que se tengan que resolver a golpes, como muchas veces ocurre para hacer reír a la audiencia.

En esta película, los diálogos son inteligente y tienen gracia, las actuaciones y las miradas nos transmiten risa, y los hechos y los acontecimientos son risibles. Hay grandes actuaciones y conexiones por parte de todos los intérpretes.

Una gran lección que está película deja es que siempre hay una solución para todo; y que nunca hay que darse por vencidos, un camino alterno puede surgir. Lo cómico y fascinante de este largometraje es que siempre hay trabas, una tras otra. Los personajes se ven atorados en alguna complicación y, al parecer, ya no hay cómo resolver el enigma. Sin embargo, algo surge (ya sea un accidente o una idea por parte de algún miembro) y hace posible la continuación del plan del robo. Poco tiempo después, un nuevo obstáculo interrumpe los planes perfectos.

Incluye desde amor hasta traición y desde confianza hasta amistad. Los temas más universales son vistos en esta película, y alguno que otro tema menor también es incluido. Por ejemplo, el trabajo; es tedioso tener que trabajar y es por eso que los protagonistas se dedican a robar. De hecho, la manera en la que empieza la cinta es con un intento de robo de un automóvil. Y el final, termina siendo un intento de robo a una caja fuerte con mucho dinero. Ninguno sale, ninguno funciona. Unos deciden irse por la vía cotidiana de trabajar como todos los demás; y, otros siguen por el camino holgazán.

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