Una película de animación que por momentos parece real. Incluso parece más real que las películas de vida real. Desde que empieza (y antes de mostrar a algún personaje) hay tomas que describen cómo será el ambiente, el protagonista, de qué se va a hablar y demás. Éstas, que son planos detalles, son tan reales que parecen fotografías.

Hay veces que el hiperrealismo (o en este caso el sistema digital/tecnológico) supera tanto la realidad, que ya ni la realidad parece real.

Aun así, la película es increíble por la manera en que está hecha y contada. Niños huérfanos, abandonados por x o y razón. A muchos les pasa, incluso psicológicamente. Pero, siempre hay alguien al rescate. En este caso, el policía, quien se encariña con el protagonista y, de paso, con su mejor amiga.

Lo bueno de esta pequeña cinta que el director tomó mucho en cuenta son los juegos con la luz. Algunas veces entraba por la ventana a 45 grados, otras veces daba la noción de amanecer o anochecer, etc. Es decir, es doblemente de agradecer que, aunque sea una película de animación, tomen en cuenta una iluminación más realista.

Los temas que mencionan son universales, pero también locales. Hay amor, compañía, hermandad, entendimiento, empatía y demás. Un niño que puede sentirse solo, al final del día, puede encontrar a su alma gemela. Siempre hay esperanza. Siempre hay humanidad. Siempre hay fe. Siempre hay fe en la humanidad.

Anuncios