Es una película hermosa. Tanto en relación con el cine como con la vida.

Esta cinta es la primera de la Trilogía de Apu. Nos muestra la vida de un niño de la India en una zona tranquila y con poca población. En cuanto a la historia, ésta nos enseña varias cosas. Primero, que la familia es lo más importante. Hay que respetar, tolerar, agradecer y querer a todos tus seres queridos. A tu padre, a tu madre, a tus abuelos, a tus hermanos, a tus tíos, etc. La convivencia y la relación entre ellos es importante, porque al fin de cuentas son tu familia. Esta cinta va desde la vida hasta la muerte. Vemos como el niño nace y crece hasta cierta edad. Por otro lado, su hermana y su abuela mueren. Algo terrible para cualquier persona. Pero estas personas nos enseñan cosas muy valiosas.

La niña le lleva frutas a su abuela y ella agradece. Nos enseña a compartir, a agradecer y a jugar. La abuela se va de la casa y toma sus pertenencias: las puede cargar con las manos y caminar; es decir, no tiene mucho. El materialismo es un concepto que no existe en esas zonas (Asia, en general). Claro que sí hay gente con esa mentalidad, pero la viejita nos muestra que se puede vivir bien y en paz con tan sólo lo necesario.

Los niños pelean, pero también se ayudan y se apoyan y se defienden. Así pasa siempre con los hermanaos y, en realidad, con la familia.

En términos cinematográficos, también hay varias lecciones de vida. Los más importantes a resaltar son los momentos más dramáticos. Por ejemplo, cuando la hija le roba a otra niña y la mamá la regaña y le pega, o cuando la madre le dice a su esposo que su hija a fallecido; en esos momentos, el sonido se calla por completo y sólo entran unos golpes de tambor (música simplista). Esto incluso eleva el drama y le da fuerza a la escena.

Cada encuadre tiene su belleza: composiciones bien hechas, movimientos en ritmo de la misma película, planos bien medidos.

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