El materialismo y el deseo por el dinero es uno de los peores males del hombre. Mizoguchi nos cuenta una historia donde el protagonista se envicia de dinero y quiere más y más y más. Los encuadres directos a su cara y sus ojos muestran el extremo al que llegó el hombre.

Normalmente, el cuadro empieza en un plano abierto, digamos un paisaje, después viene un movimiento de cámara y finalmente llega a un plano cerrado, por ejemplo, una cara. Otras veces, empieza en una toma cerrada, como una mesa, y después se abre a un espacio grande. Los movimientos de cámara son sutiles, los cuales van con la emoción y el ritmo de la película.

El final es conmovedor y tiene un excelente montaje. El hombre que había dejado a su esposa y a su hijo para conseguir dinero, tardó mucho en regresar porque se comprometió con otra mujer. Finalmente regresa a su casa y se encuentra a su familia. Se quedan dormidos y al día siguiente alguien de su comunidad llega a la casa y lo despierta, saludándolo por la emoción de verlo y preguntando por su hijo, ya que él era quien lo cuidaba en su ausencia. Después pregunta por su esposa y la persona le dice que ya está muerta. Sin embargo, él la había visto la noche anterior. Desde que llega a la casa, las imágenes planteadas por Mizoguchi empiezan a decir que la esposa es una alucinación y que está muerta. Unos minutos después, un personaje nos los confirma con diálogo. Los planos, los encuadres, el montaje y la misma historia nos hacen sospechar algo, y después lo reafirman de otra manera.

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