Este cortometraje de aproximadamente 30 minutos de duración, muestra el suceso que pasó en la isla de Guadeloupe en el Mar Caribe. El volcán ya había hecho erupción en 1902 y resultó bastante grave, ya que más de 2,000 personas murieron. En 1977 volvió a estar activo y mucha gente tuvo que evacuar la isla. Para esto, Herzog decidió documentar el fenómeno geográfico.

Es muy curioso que casi toda la población tuvo que desalojar el área e irse a otra isla, pero el equipo de producción andaba con mucha calma por toda la región en posible erupción. El documental filma todo el alrededor del volcán y está narrado en voz en off. Las imágenes son preciosas, algunas son tomas aéreas y otras a nivel del suelo; pero, sin duda, todas terminan siendo sublimes. Podemos ver la neblina, el humo y el vapor que sale de la montaña, formando una capa que no deja ver bien al protagonista: la soufriere. La narración está basada en las vivencias y en la experiencia que tuvieron en el lugar, y en reflexiones y análisis sobre la vida como metáfora con este suceso natural.

Algo de admirar del director alemán es que al enterarse que el volcán estaba activo y que la gente tuvo que evacuar la zona, decidió ir hacia allá para filmar todo y hacer su pequeña película. Llegó y encontró muchos lugares vacíos, pero bien pudo haber sido un truco de cámara (el no mostrar áreas con gente y hacer parecer que todo estuviera desolado.) Caminar por el volcán, documentar todo, estar ahí sabiendo que pudiera hacer erupción; fue muy arriesgado, pero lo único que eso me hace pensar es que probablemente ya había pasado la alarma y probablemente a Herzog sólo le tocaron los restos.

De todos modos, hizo una gran película con este material y la reflexión se llevó a cabo. Una de las cosas más impresionantes en el cortometraje es la música, la cual es clásica. En dos o tres momentos pone música, no en más; sin embargo, aquellos momentos donde la incluye, son extraordinarios y elevan el tono de la cinta. El mejor ejemplo que puedo poner es al final, unos minutos antes de terminar, empieza la música clásica, pero ésta es de consumación, y entra en el propio ritmo de la película diciendo que ya se va a terminar todo: la música, el documental, la erupción, el viaje; todo se va a terminar.

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